En el mundo corporativo abundan los términos que suenan muy bien en PowerPoint pero que, en la práctica, muchas veces no dicen nada.
Uno de mis favoritos: “tactegia estrática”.
¿Lo escribí mal a propósito? Sí. Porque así es como suena cuando alguien mezcla táctica con estrategia sin entender bien ninguna de las dos.
La estrategia responde al ¿por qué? y al ¿adónde vamos?. Define el norte, el propósito, la ventaja competitiva. Es el pensamiento de largo plazo.
La táctica responde al ¿cómo? y al ¿qué hacemos hoy?. Son las acciones concretas, los pasos, las decisiones operativas.
El problema: muchas organizaciones hacen táctica disfrazada de estrategia. Planifican acciones sin tener claro el norte. O tienen un norte hermoso en la pared pero toman decisiones que van exactamente en dirección contraria.
Y ahí aparece la confusión. Todo el mundo está ocupado. Todo el mundo trabaja. Pero nadie sabe bien hacia dónde van.
Algunas señales de que esto está pasando en tu organización:
– Las reuniones son eternas pero no hay decisiones claras
– Cada área tiene sus propios objetivos desconectados del resto
– Los indicadores miden actividad, no impacto
– Los proyectos se inician y no se terminan
– La gente trabaja mucho pero no sabe cómo su trabajo contribuye al objetivo mayor
¿Cómo se arregla?
No con más reuniones. Con más claridad.
Claridad sobre el propósito. Claridad sobre las prioridades. Claridad sobre qué es éxito. Y la disciplina de decir que no a todo lo que no contribuye a ese norte.
La estrategia no es un documento. Es una decisión que se toma todos los días.
¿En tu organización hacen táctica estratégica o tactegia estrática?
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